Cuando se habla de integración social enfocada en la persona con discapacidad se debe hacer una partición para definir la participación requerida y el esfuerzo que debe darse al logro de la inserción, por un lado encontraremos la parte que corresponde a la individualidad y en un segundo momento lo que corresponde a la perspectiva social.
En este blog hablaremos de la base individual, del sí mismo, de la persona, de la identificación y de los criterios de integración de un adecuado autoconcepto.
Cuando se vive con una discapacidad, una gran parte de la población con ésta característica vive en una sobreidentificación personalista, esto es sus ideas con respecto a sí mismo no corresponden a sus deseos de vida, la imagen que proyectan en un “querer“ no corresponde a un “tener” (aunque éste nivel de desajuste personal no es propio de la persona con discapacidad sino que es una condición social del ser humano, aprendida y manifiesta a través de los criterios de adaptación social y de integración de los conceptos de aceptable o inaceptable que la norma social presenta).
Esta sobreidentificación derivada de una constante social de choque es la parte frontal de la inadaptación social de la persona con discapacidad y tiene su nacimiento y permanencia en un solo lugar… el autoconcepto.
El autoconcepto es según Burns (1990) una conceptualización de la propia persona hecha por el individuo, siendo así considerado como adornado de connotaciones emocionales y evaluativas poderosas, puesto que las creencias subjetivas y el conocimiento fáctico que el individuo se atribuye son enormemente personales, intensos y centrales, en grados variables a su identidad única. Y, respecto a la autoestima o autoevaluación, piensa que es el proceso mediante el cual el individuo examina sus actos, sus capacidades y atributos en comparación a sus criterios y valores personales que ha interiorizado a partir de la sociedad y de los otros significativos, de manera que estas evaluaciones dan una conducta coherente con el autoconocimiento, ubicando el autoconcepto en el ámbito de la actitud.
Sin embargo la actitud solo es un componente del autoconcepto, los aspectos conativos no siempre permean la personalidad de una persona pero sí nos da indicadores de su forma de representarse, lo conativo es social, adherido a la normatividad, se manifiesta por la reglamentación, por el “deber hacer” por la situación y el entorno, esta parte es manifestada en la persona con discapacidad desde ésta óptica, la de la barrera social, la diferencia manifestada en la disfunción, no en la capacidad, la persona con discapacidad se ve a sí misma como limitada por el entorno, incomprendida en el concepto social, la barrera se genera en el mismo concepto del medio causando frustración en el hecho por la incapacidad de manipular el entorno para favorecer sus propios intereses.
Esto genera en la persona con discapacidad sentimientos negativos con respecto al medio social y así mismo, sentimientos de minusvalía, de impotencia, de rencor ante la dificultad de los obstáculos, el sentimiento no puede ser reprimido porque cada paso en su vida es un recordar continuo de sus limitaciones, el entorno en que se desenvuelve es negativo porque no es funcional a sus limitaciones, porque la persona con discapacidad se siente desplazado del grupo social al que pertenece.
Los sentimientos siempre dan origen a las ideas, los aspectos cognitivos de la persona con discapacidad se van a ver distorsionados por el sentir, por el encono de las emociones ante la situación problemática, el sentirse desplazado lo obliga a reaccionar negativamente y le modifica su actitud, el rechazo no es social al inicio, pero si personal, esto es, su autoimagen se encuentra deteriorada por la multiplicidad de factores que lo limitan del entorno, factores que generan frustración, frustración que genera ira, la ira que se desata ante todo lo que el considera como injusto, manifiesta una incomprensión total, considera que nadie lo entiende y que nadie es capaz de experimentar lo que él está pasando, nulifica la apertura emocional y considera que el apoyo recibido no es suficiente.
El autoconcepto se ve deteriorado por la situación personal social, sus componentes (conativo, afectivo y cognitivo) se refleja hacia adentro derivado de una situación externa, no existe en la discapacidad una preparación para evitar la minimización del mismo o la victimización yoica, ya que el ser humano no piensa en la discapacidad como una posibilidad futura, el hedonismo en que vivimos no nos permite ver esa opción en la realidad, por eso es que el primer paso para afrontar el proceso discapacitante es precisamente tener un autoconcepto sano, basado en una autoestima adecuada y una autoimagen fuerte.
En la siguiente parte hablaremos de cómo se logra un autoconcepto sano.
Lic. Edgar Albarrán Santamaría
Subdirector de Integración Social
Dirección de Atención a la Discapacidad
DIF Estado de México.

esta excelente lo que comentas, pero en particular te recomendaria, que fuera el tema un poca mas ilustrativo¡ eso ayudaria mucho a poner mas enfasis en el tema gracias
Comentario por carlos — Julio 30, 2008 @ 9:50 pm
saludos, excelente material, en estos momentos estoy realizando o tratando de hacer una tesis sobre el autocncepto de los chicos con sindrome de down ,por lo que es de gran utilidad tu información y espero con ansias la segunda parte ,agradecieria si puedieras mandarme mas información al respecto.
Comentario por alejandra — Febrero 26, 2009 @ 2:44 am