El Programa de Integración Social de personas con Discapacidad, dependiente de la Dirección de Atención a la Discapacidad del Sistema para el Desarrollo integral de la Familia del Estado de México, inicia a partir de Abril de 1996 con nivel administrativo de Subdirección según la Reestructuración Orgánica del DIFEM. A partir de noviembre de 1997, ya como Subdirección de Integración Social del Discapacitado, tiene como propósito fundamental constituirse como órgano de apoyo técnico administrativo que coadyuve a la realización de las metas y programas en los 125 Municipios del Estado de México para la integración educativa, laboral recreativa-deportiva y cultural de las personas con discapacidad.
Estas actividades han sido desarrolladas desde el inicio de la Subdirección, a través de los tres programas que conforman la estructura actual de la misma. Sin embargo, las necesidades básicas para su implementación se conformaron y se desarrollan de forma consistente, de tal manera que en la actualidad la necesidad de apertura de áreas específicas que aborden actividades de mayor profundidad se hace patente.
Como es notorio, el proceso de Integración Social es un complejo de elementos relacionados que definen por continuidad la calidad y el nivel de vida de la persona que la vive, siendo la etapa de vida en la que se inicia el proceso de integración social es una variable determinante en las opciones que se le presentarán a la persona con discapacidad como medio de adaptación a la vida social y productiva.
Por otro lado, las necesidades de la población con discapacidad se han vuelto más específicas, lo que da origen a la necesidad de tener permanentemente personal especializado con un criterio más amplio y con una actitud proactiva que erradique las barreras administrativas, culturales y psicológicas a través de una gestión gubernamental precisa, basada en objetivos, y privilegiando una dinámica de trabajo que involucre los distintos segmentos de Gobierno y la sociedad civil organizada.
La integración social de la persona con discapacidad no es sólo un proceso que derive de la acción gubernamental sino que es una necesidad que manifiesta la misma población que ha dejado de lado el heurístico social y busca por principio de derecho de reconocimiento dentro del grupo social al que pertenece. Actualmente, la cultura social y las barreras arquitectónicas se manifiestan como el obstáculo más amplio a vencer para los esfuerzos integradores.
La situación de la persona con discapacidad en el aspecto social es vista como una desventaja, la implicación del “no puede” minimiza sus posibilidades de aceptación para el desarrollo natural dentro de los ámbitos educativa, laboral, económico etc.
Generalmente, la primera reacción de las personas sin discapacidad se centra en la visualización de las carencias, en la interpretación de lo que la persona con discapacidad “no puede“ realizar y el rechazo se convierte en la diferencia. Un rechazo que probablemente se deba a la incapacidad de entender que quien está enfrente es una persona, que lejos del apoyo que necesita (silla de ruedas, muleta o auxiliar auditivo); las opciones de su incorporación a cualquier ámbito deben ubicarse dentro del contexto de sus habilidades reales, dentro de lo que si puede hacer, dentro de lo que no lo límite para el funcionamiento social, y que lo empareja en el nivel de competencia natural con quienes no tienen discapacidad.
Esta tendencia social debe ser reajustada en función de una cultura de respeto y aceptación, de un cambio actitudinal general en donde la persona con discapacidad sea vista como un igual y se brinden las facilidades para su desarrollo en cada ámbito social y personal.
Por otro lado, en nuestra sociedad existen infinidad de barreras físicas que limitan el acceso a los lugares públicos de las personas con discapacidad, la falta de rampas, orientación en braille, o iconografía propia para las personas con discapacidad auditiva se tornan un obstáculo difícil de salvar. Los esfuerzos por cambiar esto, corresponden en general a todos los sectores, como ejemplo: es sabido que el 90% de los edificios en una ciudad son de carácter particular, y por ende las adecuaciones requeridas deben ser previstas por los mismos buscando el apoyo gubernamental en la asesoría y necesidades de la población con discapacidad vulnerable.
Es necesario tener en cuenta también que la integración social parte de la necesidad de la persona con discapacidad de buscar un espacio dentro de su grupo, de la capacidad de aceptar la situación discapacitante y adaptarse a su entorno, más allá de la dificultad de la situación de duelo por pérdida, la persona debe verse como parte del engranaje social, en el cual su participación lejos de ser complementaria es básica para la conformación de los programas de atención, la visión de sí mismo, la naturaleza del ser humano de soportar la perdida y la adaptabilidad de la naturaleza humana, pero sobre todo del sentido de pertenencia social.
La integración social es la dinámica pura de la inclusión de las personas con discapacidad al reconocimiento pleno de sus derechos y obligaciones en la participación diaria de la construcción de nuestro país.
Elaborado por: Lic. Edgar Albarrán Santamaria, Subdirector de Integración Social, Dirección de Atención a la Discapacidad. Tel: 01 (722) 217 28 55 ext 14.Mail: Integración_social@yahoo.com.mx





